Publicado 2026-09-26 · 5 min de lectura

Estilos de Apego: Lo Que Respalda la Investigación y Lo Que las Redes Sociales Exageran

Cuando los investigadores revisaron el clásico test de apego de una sola pregunta, alrededor del 30% de las personas cambió de estilo en semanas o meses. El apego adulto es real e importa, pero se parece mucho más a dos escalas continuas que a cuatro cajas fijas.


Pasa diez minutos viendo contenido sobre relaciones en redes sociales y te dirán que eres ansioso, evitativo, seguro o una mezcla de los tres, que tu tipo quedó grabado antes de que supieras hablar y que eso explica por qué la última persona con la que saliste dejó de contestar. Parte de esto se apoya en décadas de investigación cuidadosa. Otra parte se ha alejado bastante de lo que esa investigación encontró.

El retrato honesto es más interesante que la versión viral y, en cierto modo, más esperanzador.

De los bebés a las relaciones adultas

La teoría del apego empezó con bebés. John Bowlby y Mary Ainsworth describieron cómo los bebés forman vínculos con quienes los cuidan y cómo esos vínculos aparecen en patrones reconocibles: algunos bebés son seguros, otros ansiosos y pegajosos, otros aparentemente indiferentes.

En 1987, dos investigadores, Cindy Hazan y Phillip Shaver, se hicieron una pregunta atrevida: ¿y si el amor romántico fuera el mismo proceso de apego, funcionando en adultos? Tradujeron los tres patrones infantiles a tres descripciones breves sobre cómo se siente alguien ante la cercanía y pidieron a adultos que eligieran la que mejor los describía. En dos estudios con cuestionarios, los tres estilos adultos aparecieron en proporciones parecidas a las de la infancia, y quienes elegían descripciones distintas contaban experiencias amorosas distintas y recuerdos distintos de su relación con sus padres.

Fue un artículo histórico y también el origen de la costumbre que han heredado las redes: clasificar a la gente en tipos. Pocos años después, Kim Bartholomew y Leonard Horowitz propusieron cuatro categorías en lugar de tres, construidas a partir de cómo se ve una persona a sí misma y cómo ve a los demás. De esa versión a cuatro viene buena parte del vocabulario actual.

Dos escalas continuas, no cuatro cajas

Hoy la mayoría de los investigadores mide el apego adulto en dos dimensiones continuas. La ansiedad de apego es cuánto te preocupa ser rechazado o abandonado y cuánto necesitas que te tranquilicen. La evitación es cuánto te incomoda la cercanía y depender de otros. Todo el mundo está en algún punto de cada escala. Las etiquetas conocidas son en realidad esquinas de este mapa: bajo en ambas es lo que se llama seguro.

¿Hay una frontera real entre las esquinas o los tipos son solo líneas dibujadas sobre un continuo? En 2015, R. Chris Fraley y sus colegas lo pusieron a prueba con análisis taxométrico, un conjunto de métodos estadísticos pensados para saber si un rasgo se presenta en categorías naturales o varía por grados. En dos muestras, los resultados encajaron mejor con un modelo dimensional que con uno categórico, tanto para el apego en general como para relaciones concretas, como las que tenemos con los padres y con los amigos.

Esto importa más de lo que parece. Si el apego es un par de escalas continuas, una persona justo por debajo de un punto de corte y otra justo por encima son casi idénticas, aunque a una la llamen ansiosa y a la otra segura. Pequeños cambios de ánimo o de circunstancias bastan para que crucen la línea.

Eso es justo lo que habían visto trabajos anteriores. Mark Baldwin y Beverley Fehr analizaron la estabilidad de las respuestas a la medida original de una sola pregunta. Alrededor del 30% de las personas cambió de clasificación en periodos de entre una semana y unos meses, y entre quienes se habían descrito como ansioso-ambivalentes, la mayoría cambió. Los autores sugirieron que la respuesta puede reflejar la forma de relacionarse que está activa en la mente en ese momento, más que un rasgo fijo.

¿Queda grabado a fuego en la infancia?

La historia popular dice que tus padres escribieron tu estilo de apego y que tú solo lo lees en voz alta. Los datos apoyan una versión más suave.

En un metaanálisis de estudios longitudinales publicado en 2002, Fraley encontró que la seguridad del apego es moderadamente estable desde la infancia hasta los 19 años, y que el patrón encajaba con un modelo en el que las experiencias tempranas conservan cierta influencia duradera. La palabra clave es moderada: las primeras relaciones dejan huella, pero están lejos de ser una condena.

La vida adulta sigue moviendo la aguja. William Chopik, Robin Edelstein y Kevin Grimm combinaron tres estudios de larga duración que siguieron a 628 personas desde los 13 hasta los 72 años. De media, la ansiedad de apego bajó con la edad, sobre todo en la mediana edad y después, y la evitación bajó de forma constante a lo largo de la vida. Tener pareja iba unido a niveles más bajos de ambas. Son medias de muestras estadounidenses con una sola forma de medir y no muestran qué causó el cambio, pero encajan mal con la idea de un estilo congelado.

Lo que sí predice, y en qué se equivoca la versión viral

Nada de esto significa que el concepto esté vacío. Las dos dimensiones se relacionan con resultados reales. Un metaanálisis de 2019 de Octav-Sorin Candel y Maria Nicoleta Turliuc reunió 132 estudios y encontró que tanto la ansiedad como la evitación van unidas a menor satisfacción en la pareja. El vínculo era más fuerte con la satisfacción de la propia persona que con la de su pareja, y su tamaño variaba según la edad, la duración de la relación y la región.

Dos advertencias lo ponen en proporción. Son correlaciones, así que no dicen si la inseguridad reduce la satisfacción, si una relación infeliz aumenta la inseguridad o ambas cosas. Y una asociación media en miles de parejas dice poco sobre lo que pasará en una relación concreta. La versión viral se equivoca en los saltos que da a partir de aquí.

  • Tipos como identidad. Decir que eres evitativo como quien dice su grupo sanguíneo ignora que el apego varía por grados y cambia con el contexto.
  • Diagnosticar a otros por unos cuantos mensajes. Una respuesta lenta dice muy poco sobre la vida interior de nadie, y el estilo de apego ni siquiera es un diagnóstico clínico.
  • Destino. Una estabilidad moderada significa que el cambio es frecuente. La edad, la experiencia y las relaciones que dan apoyo parecen acercar a la gente, de media, hacia la seguridad.
  • Un solo estilo para todas las relaciones. La investigación sobre el apego en relaciones concretas sugiere que puedes sentirte seguro con un amigo y ansioso con tu pareja a la vez.

Qué significa esto para ti

Si haces nuestro test de estilo de apego, lee el resultado como una posición en dos escalas hoy, no como una etiqueta de por vida. Mira por separado dónde estás en ansiedad y en evitación, y pregúntate qué situaciones hacen subir cada una. La preocupación por el rechazo se solapa con lo que mide nuestro test de sensibilidad al rechazo, y el test de satisfacción en la relación puede ayudarte a ver si los patrones que notas están afectando de verdad a cómo te sientes en tu pareja.

Sobre todo, la investigación invita a la curiosidad y no al fatalismo. La misma persona puede sentirse muy distinta en relaciones distintas y, de media, la gente se vuelve más segura con el tiempo. Si los patrones de miedo o de distancia en tus relaciones te causan un malestar persistente, un psicólogo o terapeuta cualificado es una guía mucho mejor que cualquier test o vídeo.

Fuentes

  • Hazan, C., & Shaver, P. (1987). Romantic love conceptualized as an attachment process. Journal of Personality and Social Psychology, 52(3), 511-524. doi:10.1037/0022-3514.52.3.511
  • Baldwin, M. W., & Fehr, B. (1995). On the instability of attachment style ratings. Personal Relationships, 2(3), 247-261. doi:10.1111/j.1475-6811.1995.tb00090.x
  • Fraley, R. C. (2002). Attachment stability from infancy to adulthood: Meta-analysis and dynamic modeling of developmental mechanisms. Personality and Social Psychology Review, 6(2), 123-151. doi:10.1207/s15327957pspr0602_03
  • Fraley, R. C., Hudson, N. W., Heffernan, M. E., & Segal, N. (2015). Are adult attachment styles categorical or dimensional? A taxometric analysis of general and relationship-specific attachment orientations. Journal of Personality and Social Psychology, 109(2), 354-368. doi:10.1037/pspp0000027
  • Chopik, W. J., Edelstein, R. S., & Grimm, K. J. (2019). Longitudinal changes in attachment orientation over a 59-year period. Journal of Personality and Social Psychology, 116(4), 598-611. doi:10.1037/pspp0000167
  • Candel, O.-S., & Turliuc, M. N. (2019). Insecure attachment and relationship satisfaction: A meta-analysis of actor and partner associations. Personality and Individual Differences, 147, 190-199. doi:10.1016/j.paid.2019.04.037
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