Publicado 2026-09-26 · 5 min de lectura

¿Para Qué Sirve el Aburrimiento?

Dejados a solas 15 minutos con sus pensamientos y un botón que daba una descarga eléctrica, 12 de 18 hombres y 6 de 24 mujeres se dieron descargas a sí mismos. Qué dice esto del aburrimiento y por qué esa sensación puede ser útil.


En una serie de estudios publicada en 2014, Timothy Wilson y sus colegas de la Universidad de Virginia y de Harvard pidieron a la gente algo que parece fácil. Sentarse a solas en una sala vacía entre 6 y 15 minutos, sin móvil, sin libro y sin nada que hacer, y entretenerse con sus propios pensamientos.

A la mayoría no le gustó. En los seis primeros estudios de laboratorio, el 57,5% encontró al menos moderadamente difícil concentrarse, el 89% señaló al menos cierta divagación mental, y casi la mitad valoró su disfrute en el punto medio de la escala o por debajo. Cuando los participantes hicieron el mismo ejercicio en casa, el 32% admitió haber hecho trampa, mirando el móvil, escuchando música o levantándose.

Luego llegó el experimento que dio titulares. Los participantes recibían primero una breve descarga eléctrica, y muchos decían que pagarían por no volver a sentirla. Después se quedaban solos pensando durante 15 minutos, con la opción de pulsar un botón para darse una descarga. Entre quienes habían dicho que pagarían por evitarla, 12 de 18 hombres y 6 de 24 mujeres se dieron al menos una descarga. Un hombre pulsó el botón 190 veces.

El resumen de los autores fue tajante: la mayoría de la gente parece preferir hacer algo antes que nada, aunque ese algo sea desagradable.

Qué es realmente el aburrimiento

El aburrimiento parece la emoción más simple que existe, pero los psicólogos solo hace poco llegaron a una definición de trabajo. En 2012, John Eastwood y sus colegas revisaron décadas de teorías y propusieron que el aburrimiento es la experiencia desagradable de querer, sin poder, implicarse en una actividad satisfactoria.

Lo desglosaron en términos de atención. Estás aburrido cuando no logras que tu atención se asiente en algo, dentro o fuera de tu cabeza, que te permita hacer algo satisfactorio. Te das cuenta de que no puedes, y tiendes a echarle la culpa a tu entorno: esta reunión, esta cola, este pueblo.

Esa última parte es importante. Aburrirse no es lo mismo que no tener nada que hacer. Puedes aburrirte en un trabajo lleno de tareas y estar perfectamente a gusto sin hacer nada en una playa. Lo que cuenta es si tu mente logra implicarse.

Por qué tu propia mente puede resultar aburrida

En 2018, Erin Westgate y Timothy Wilson propusieron un modelo con dos ingredientes. El primero es la atención: el aburrimiento aparece cuando las exigencias de una actividad no encajan con tus recursos mentales. Ese desajuste puede ir en los dos sentidos. Una tarea puede ser demasiado fácil, pero también demasiado difícil o abrumadora, y en ambos casos no logras implicarte. El segundo ingrediente es el sentido: una actividad que no conecta con nada que valores resulta aburrida aunque te retenga la atención.

Esto ayuda a entender el experimento del pensamiento. Entretenerte con tus pensamientos es más difícil de lo que parece. Tu mente tiene que aportar a la vez la atención y el sentido, sin ninguna ayuda del mundo exterior.

¿Era solo una rareza estadounidense? En 2019, Nicholas Buttrick y sus colegas repitieron la comparación con 2.557 participantes en 12 lugares de 11 países. En todos los países, las personas sorteadas para hacer una actividad solitaria corriente, como leer, disfrutaron más que las que debían pensar por placer. Los países diferían en cuánto disfrutaba la gente pensando, y esas diferencias se explicaban por rasgos individuales: la necesidad de cognición, la apertura a la experiencia, la experiencia en meditación y el buen ánimo inicial iban con más disfrute, y un uso más intenso del móvil iba con menos.

Para qué sirve el aburrimiento

Si el aburrimiento es tan desagradable, ¿por qué lo tenemos? Una idea cada vez más extendida es que funciona como una señal. Shane Bench y Heather Lench sostuvieron en 2013 que el aburrimiento nos empuja a buscar nuevos objetivos cuando el actual ha dejado de merecer la pena. Reduce la atención a la tarea presente, resulta incómodo y aumenta la activación, lo que facilita pasar a otra cosa.

En su libro Out of My Skull, de 2020, James Danckert y John Eastwood desarrollan esta idea: el aburrimiento indica que hay necesidades psicológicas sin cubrir, y por eso puede motivar a las personas a cambiar lo que no funciona en su vida.

El problema es que la señal dice cambia algo, pero no dice qué. Ahí es donde las cosas pueden torcerse. En un estudio de 2016, Chantal Nederkoorn y sus colegas pusieron a 69 personas a ver un fragmento de película monótono, triste o neutro, mientras podían darse descargas eléctricas. Quienes veían el fragmento monótono se dieron más descargas, y más fuertes, que los de los otros grupos. La tristeza no cambió nada. Los investigadores concluyeron que las descargas servían para romper la monotonía, no para gestionar emociones negativas en general. Cualquier estímulo, al parecer, puede resultar mejor que ninguno.

Lo que esto significa y lo que no

Son resultados llamativos, pero necesitan contexto. Los estudios con descargas usaron grupos pequeños, y la mayoría de los participantes eran universitarios. Aburrirse un rato en un laboratorio no es lo mismo que un aburrimiento prolongado en la vida real. Los hallazgos internacionales sobre el móvil y el disfrute son correlaciones, así que no demuestran que el móvil haga menos agradable pensar.

Lo que sí sugiere la investigación es que el aburrimiento no es un defecto de carácter ni la señal de una mente vacía. Es información. Si te sientes aburrido casi todo el tiempo, o si el aburrimiento llega con un ánimo bajo persistente o con pérdida de interés por cosas que antes te gustaban, merece la pena hablar con un médico o un profesional de la salud mental.

Qué significa esto para ti

De las pruebas se desprenden algunas ideas prácticas.

  • Lee la señal antes de silenciarla. Coger el móvil acaba con la incomodidad pero ignora el mensaje. Pregúntate qué falta: reto, sentido o descanso.
  • Busca el desajuste. Si una tarea te aburre, quizá sea demasiado fácil o demasiado difícil. Ajustar la dificultad puede funcionar mejor que obligarte a terminarla.
  • Añade sentido. Conectar una tarea monótona con algo que te importa es una de las dos palancas del modelo de la atención y el sentido.
  • Practica pensar por placer. En los datos internacionales, las personas con experiencia en meditación disfrutaban más de sus propios pensamientos. Planear algo que te hace ilusión puede darle a tu mente algo a lo que agarrarse.

Para ver cómo funciona el aburrimiento en ti, nuestro test de aburrimiento mide tu propensión a él, el test de búsqueda de sensaciones mira cuánta estimulación necesitas, y el test de tipo de curiosidad explora qué clases de interés mantienen tu mente implicada.

Fuentes

  • Wilson, T. D., Reinhard, D. A., Westgate, E. C., Gilbert, D. T., Ellerbeck, N., Hahn, C., Brown, C. L., & Shaked, A. (2014). Just think: The challenges of the disengaged mind. Science, 345(6192), 75-77. doi:10.1126/science.1250830
  • Eastwood, J. D., Frischen, A., Fenske, M. J., & Smilek, D. (2012). The unengaged mind: Defining boredom in terms of attention. Perspectives on Psychological Science, 7(5), 482-495. doi:10.1177/1745691612456044
  • Westgate, E. C., & Wilson, T. D. (2018). Boring thoughts and bored minds: The MAC model of boredom and cognitive engagement. Psychological Review, 125(5), 689-713. doi:10.1037/rev0000097
  • Buttrick, N., Choi, H., Wilson, T. D., Oishi, S., Boker, S. M., Gilbert, D. T., et al. (2019). Cross-cultural consistency and relativity in the enjoyment of thinking versus doing. Journal of Personality and Social Psychology, 117(5), e71-e83. doi:10.1037/pspp0000198
  • Nederkoorn, C., Vancleef, L., Wilkenhöner, A., Claes, L., & Havermans, R. C. (2016). Self-inflicted pain out of boredom. Psychiatry Research, 237, 127-132. doi:10.1016/j.psychres.2016.01.063
  • Danckert, J., & Eastwood, J. D. (2020). Out of My Skull: The Psychology of Boredom. Harvard University Press. doi:10.4159/9780674247079
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